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martes, 17 de febrero de 2015

Carta Pastoral: Cuaresma y Pascua 2015, Obispo de Jaén

Queridos fieles diocesanos:
     En el día del Miércoles de Ceniza, 18 de febrero, pongo en vuestras manos unas breves reflexiones sobre los grandes misterios de nuestra fe que anualmente preparamos y celebramos los cristianos.
     1. Ha llegado el tiempo cuaresmal. La liturgia de la Iglesia nos presenta el recorrido de estos cuarenta días como un retiro ininterrumpido de toda la comunidad cristiana, junto con Jesucristo, en el desierto.
     Es tiempo de conversión para unirnos y vivir de forma nueva el misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo Jesús. Tiempo para sembrar en abundancia la Palabra de Dios en nuestros corazones, fijar nuestros ojos en Nuestro Señor Jesucristo, orar con Él y socorrer a los hermanos necesitados con nuestras limosnas.
     Esta visión del nuevo Pueblo de Dios en marcha hacia la Pascua, no deja de ser un espectáculo desconcertante para personas de nuestro entorno. El Concilio Vaticano II nos enseña y recuerda: “Por el Bautismo los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo; mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan con Él” (SC, 6).

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sábado, 30 de noviembre de 2013

Carta Pastoral Adviento 2013 del Obispo de Jaén

“Preparemos la Navidad cristiana”

     Queridos fieles diocesanos:

     1. El próximo domingo, 1 de diciembre, comienza el Adviento y, con él, un nuevo Año Litúrgico.

     Los cristianos dedicamos, todos los años, seis semanas para celebrar la manifestación salvadora de Dios. En el centro estará siempre la Noche de la Navidad.   Lo anterior: preparación. Después: Contemplación. Adviento. Navidad y Epifanía vienen a significar: venida, nacimiento, manifestación.

     El Dios que quiso ser “Dios-con-nosotros” entró en nuestra historia hace dos mil años, en Belén, pero esta venida se actualiza sacramentalmente, cada año, durante este tiempo litúrgico. Es tiempo de gracia y profundización en nuestra vocación cristiana, desde la fe, esperanza y caridad.

     La dimensión del Adviento queda magistralmente expuesta en una Carta Pastoral de San Carlos Borromeo, en que leemos: “Así como vino una sola vez en carne, si quitamos por nuestra parte todo obstáculo, a cualquier hora y en cualquier momento está dispuesto a venir de nuevo a nosotros habitando espiritualmente en nuestro interior con abundancia de gracia” (Cartas Pastorales:Acta Ecclesia Mediolensis, tomo II, Lyon 1683, 916-917).

     2. Nuestra Madre la Iglesia a través de la liturgia del Adviento nos invita a detenernos, en silencio, para captar “la visita de Dios”. Él entra en nuestras vidas si le abrimos interiormente. Desde el recogimiento tendríamos que escribir en estos días como “un diario interior de su amor” al comprobar sus mil gestos de amor y de atención para con nosotros. Podremos comprobar que Dios está, en nuestro interior, que no se ha retirado del mundo, que no nos ha dejado solos. Caer en la cuenta de que Él nos visita de múltiples maneras.

     Esta cercanía de Dios es la fuente de donde brota luego la verdadera alegría de la Navidad. Ahí nace la paz interior, como don de Dios. En este sentido les exhortaba san Pablo a los Filipenses: “Estad alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4, 4).

     Durante este tiempo podremos comprobar cómo la Iglesia nos lleva de su mano y nos conduce, por medio de la Liturgia, por este camino entre la presencia de Dios y la espera de lo eterno. Vivimos el presente en el que podremos comprobar, gracias a la luz de la fe, que están a nuestro alcance los dones de Dios y que les proyectamos hacia el futuro, un futuro lleno de esperanzas.

   3. Son días, por tanto, de espera. Una ocasión más, nueva y propicia, para nuestra salvación. En la vida siempre estamos esperando. El niño espera crecer; el adulto busca su realización y éxito; en la edad avanzada se añora el descanso. Pero en nuestro interior la voz de Dios nos dice que esta esperanza es poca para el creyente.

     Jesús explicó esta verdad misteriosa con varias parábolas: en la narración de los siervos invitados a esperar el regreso de su dueño; en la parábola de las vírgenes que esperan al esposos; o en la de la siembra y la siega. Es ese final el que anhela nuestro corazón: el encuentro con Dios, la llegada del esposo, recoger los frutos que hemos sembrado.

     El Adviento debe despertar en nuestras vidas ese verdadero sentido de la espera, volviendo nuestros ojos al misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos, que nació en la pobreza de Belén y que continúa naciendo para nosotros.

     4. Nos decía san Carlos Borromeo que, en esta espera, hemos de quitar por nuestra parte “todo obstáculo”.

     Como humanos que somos vivimos simultáneamente de forma inseparable una dimensión espiritual y otra corporal. Somos parte de este mundo y estamos vinculados a sus limitaciones y planteamientos materiales pero, al mismo tiempo, estamos también abiertos incluso a dialogar con Dios y a acogerlo en nosotros.

     Deberíamos preguntarnos, por eso, en este Adviento: ¿Cuáles son los obstáculos que he de hacer desaparecer para recibir en mi vida la visita de Dios en la próxima Navidad? ¿Qué programa he de trazarme durante este tiempo en mi doble dimensión: espiritual y corporal?

     Posiblemente: crecer en esperanza y caridad después del recorrido que hemos hecho en el Año de la fe.

     Afianzarnos en que nuestra esperanza no carece de fundamento, sino que se apoya en un acontecimiento que se sitúa en la historia y, al mismo tiempo, supera a esta historia: Jesús de Nazaret. “Dios de Dios, luz de luz”, como profesamos en el Credo.

     Vivir el amor de Dios en el prójimo, porque si vamos a poner nuestra mano en la suya, si Él nos ilumina con la luz de su Palabra y el Pan de la Eucaristía, si hemos experimentado su amor, debemos poner también nuestra mano en los hermanos. Espontáneamente nuestro corazón se inclinará hacia los más necesitados porque son los más cercanos y parecidos al Niño de Belén y a la sagrada familia del portal

     Que María, Madre del Adviento, nos acompañe en este camino.

     Con mi afecto en el Señor.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén

sábado, 29 de junio de 2013

ORACIÓN Y FIDELIDAD AL SANTO PADRE. Carta Pastoral del Obispo de Jaén


Queridos fieles diocesanos:
 
     1. El próximo día 29 de junio, sábado, celebramos el martirio de los dos apóstoles más cualificados de la Iglesia católica: san Pedro y san Pablo, les llamamos “columnas de la Iglesia”.
     Aunque no murieron el mismo día, la comunidad cristiana, desde sus orígenes, ha querido honrarlos y encomendarse a su intercesión en el mismo día.
     Escribe San León en una homilía que pronunció en la Basílica de San Pedro en esta fiesta: “Respecto a sus méritos y virtudes, no podemos pensar nada que no sea distinto o contrapuesto en ellos; iguales en la elección y en su trabajo, resultaron iguales también en su martirio”. Bien podemos aplicarles a ambos las palabras de san Pablo: “He combatido bien mi combate, he llegado hasta la meta, he mantenido la fe”.
 
      2. Puedo decir, de forma bien contrastada, que los fieles de esta Iglesia de Jaén sienten un amor sincero y muy profundo por el Santo Padre, el Papa. He podido comprobarlo, una vez más, con ocasión de la reciente renuncia a la Sede romana por Su Santidad Benedicto XVI y ante la nueva elección del Papa Francisco.
     Sabemos que formamos parte de la misma Iglesia de Jesucristo pero el sucesor de Pedro, el Papa, tiene en ella facultades y deberes muy singulares e irrenunciables. Creemos que, bajo su autoridad y desde nuestro amor y servicio a su persona, cooperamos en la edificación y extensión de esa Iglesia de Jesucristo conducidos por el Espíritu Santo.
     Pero no basta nuestro respeto y adhesión inquebrantable al Santo Padre, debemos también amarle, escucharle y apoyarle desde nuestra oración, participar de sus anhelos apostólicos y llevar a la práctica en nuestras vidas sus enseñanzas; poner en sus manos nuestra ofrenda para que reparta a favor de las necesidades de toda la Iglesia.
    Les indicaba en un reciente Decreto que los párrocos y rectores de Iglesias invitaran a los fieles a participar en la Santa Misa de ese día, no obstante la dispensa del precepto y del descanso laboral. Disponía asimismo, que el Día del Papa y su colecta imperada a favor de la Santa Sede se celebrara, en nuestra Diócesis, el domingo 30 de junio, desde sus primeras vísperas.
 
     3. Desde los inicios de la Iglesia, los Apóstoles, y más tarde sus sucesores inmediatos y quienes siguieron a éstos, los Obispos, con sus presbíteros y comunidades de fieles, proclamaban, con unas u otras palabras, lo que San Pablo diría en su Carta a los efesios: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef. 4,5).
     Esta identidad sustancial de la Iglesia de siempre, en toda su historia, es uno de los rasgos más bellos de su rostro. Es la inmutabilidad en lo divino. Es la vida que, mientras permanece en un organismo que un día empezó a existir, es la misma siempre, aunque se haya desarrollado y crecido en el tiempo.
     El verdadero fundamento de todo ello es la asistencia del Espíritu Santo que la protege, como su alma y su luz. En esta verdad radica el secreto de su fidelidad.
     El Espíritu Santo actuó sobre el Colegio de los Apóstoles, con Pedro y bajo la autoridad de Pedro, y sigue actuando sobre el colegio universal de los Obispos, unidos al Papa y bajo la autoridad del Papa. La fuerza del Espíritu asiste a todo el pueblo de Dios pero lo hace, de modo singular, sobre el sucesor de Pedro, que nos confirma en la fe, esto es, en la fe que la Iglesia debe profesar si quiere ser fiel a Jesucristo.
     Es lo que le encomendó a Pedro con palabras que siempre gozarán de actualidad: “Confirma a tus hermanos” (Jn. 22, 32).
 
     4. Cuando Pedro y los demás Apóstoles comenzaron a predicar la fe en Cristo muerto y resucitado, insistieron también en exponer, junto a los núcleos fundamentales del Credo, un conjunto de ruegos, normas y explicaciones, que aparecen en sus Cartas y que admitimos como doctrina revelada para la confirmación de nuestra fe. Lo mismo hacían en sus predicaciones a los primeros cristianos  y han llegado hasta nosotros por Tradición apostólica.
     Lo que hoy dice el Santo Padre, el Papa, son sus mismas palabras, las mismas exhortaciones, las mismas enseñanzas fundadas en la Escritura y Tradición apostólica. Hay en todas sus enseñanzas coherencia y armonía interna con la Revelación de Dios. Hay un discernimiento sabio y prudente contando para ello, como he dicho, con la asistencia del Espíritu.
     No podría el Papa confirmarnos en la fe, si nosotros cuestionamos o rechazamos ser confirmados en ella a través de sus enseñanzas. Sólo quien esté dispuesto a recibir, con profundo respeto y humildad, cuanto nos enseña y recomienda, estará en disposición para su confirmación en la fe cristiana.
 
     Oremos por nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en estos inicios de su pontificado. Pidamos la asistencia del Espíritu Santo para él y para toda la Iglesia, bajo la intercesión de nuestra Madre la Santísima Virgen.
     Les saluda agradecido y les bendice.
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Carta Pastoral del Obispo de Jaén: "Habemus Papam". Tenemos Papa para el año de la Fe



Carta Pastoral:

“Habemus Papam”. Tenemos Papa en el Año de la Fe

 
Queridos diocesanos:

La Iglesia católica tiene de nuevo a un sucesor del Apóstol Pedro. Ésta era la noticia que esperábamos desde el pasado día 28 de febrero, en que se hizo efectiva la renuncia del Papa Emérito Benedicto XVI. ¡Demos gracias a Dios!

Valoremos ya con optimismo y esperanza a la persona de Su Santidad el Papa Francisco, porque el Señor le ha escogido, sirviéndose de la elección de los Cardenales, para pastorear a su Santa Iglesia en este momento. Ahora se sucederán las opiniones sobre esta designación, sobre su persona y su futuro ministerio. Para nosotros él es el sucesor de Pedro y Cabeza de la Iglesia que Dios ha puesto. ¡Bendito sea Dios, por todo ello!

Si siempre la Iglesia entera ha de mantenerse en comunión de fe, en el afecto y en la oración con la persona a la que Dios llama a ser Cabeza visible de la Iglesia, Vicario suyo y el primero entre los sucesores de los apóstoles, hay situaciones especiales, en las que esta comunión y apoyo ante el Señor se acrecienta y manifiesta. Desde el día 11 de febrero pasado agradecíamos, unidos en la oración, la generosa entrega de Pastor, hasta el agotamiento, de Benedicto XVI. Desde el pasado día 28 hemos orado juntos también por la elección de un nuevo Papa, y ahora lo haremos por el Santo Padre Francisco. Así se lo comunico por escrito.

De nuevo convoco a los fieles diocesanos para celebrar de forma extraordinaria este acontecimiento eclesial, sobre todo, para dar gracias a Dios y manifestar nuestra alegría y regocijo. Procuren tener presentes, para ello, de forma especial los sacerdotes, las siguientes indicaciones:

1. El próximo día de San José, Patrono de la Iglesia, daremos gracias especiales al Señor por Su Santidad el Papa Francisco, con preces especiales en la liturgia de esta Solemnidad.

2. Se invitará a los fieles, asimismo, a la celebración de una “Misa por el Papa”, el día que los párrocos y demás Iglesias abiertas al culto lo estimen oportuno, siempre que lo permita el calendario litúrgico. En la Ciudad de Jaén se celebrará esta Misa en la S. I. Catedral, el próximo 20, a las 20 horas. Podrá elegirse el Prefacio dominical VIII del tiempo ordinario y hacer la oración los fieles propuesta por la Delegación Episcopal de Liturgia.

3. Deben procurar en los próximos días, asimismo, exponer el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles, para pedir al Señor por Su Santidad Francisco y por sus intenciones. Así lo encomendamos a todas las Parroquias, Comunidades religiosas y otras Instituciones católicas, de forma especial a los Monasterios de Clausura.

Les bendice con afecto en el Señor.

+ RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ, OBISPO DE JAÉN


(Fuente: Diócesis de Jaén)