viernes, 2 de agosto de 2013

Promesa Temporal

En Jaén,
siendo el día de la Beata Juana de Aza del año 2013, 



La Fraternidad Laical de Santo Domingo "Dulce Nombre de Jesús" de Jaén tiene la gran alegría de comunicaros la Promesa Temporal de nuestra hermana María del Carmen.

El día escogido es el 8 de agosto de 2013, Solemnidad de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán, a las 20,00 horas en la Iglesia Conventual del Monasterio de la Purísima Concepción (Plaza de la Purísima Concepción) de las Madres Dominicas de Jaén.

Esta Fraternidad, en nombre propio y de la hermana que va a profesar, tiene el gusto de invitarlos a la celebración eucarística.

Un fraternal abrazo a todos.



viernes, 5 de julio de 2013

Carta Encíclica LUMEN FIDEI del Sumo Pontífice Francisco



Queridos amigos todos,

No podemos irnos completamente de vacaciones sin compartir con todos vosotros la satisfacción de poder tener ya entre nosotros la Carta Encíclica LUMEN FIDEI del Sumo Pontífice Francisco sobre la Fe.

¡Seguro que será una buena lectura para comenzar las vacaciones!

Encíclica:


Síntesis de la Encíclica:

(Fuente: Vaticano y News.va)

Felices Vacaciones

Desde esta Fraternidad Laical de Santo Domingo

os queremos desear unas felices vacaciones de verano.

Tened cuidado con los desplazamientos y vigilad a los pequeños.

¡Nos vemos más descansados ya en septiembre!

¡DESCANSAD Y DISFRUTAD!

Domingo XIV Ordinario - C, 7 de julio de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

ORACIÓN Y FIDELIDAD AL SANTO PADRE. Carta Pastoral del Obispo de Jaén


Queridos fieles diocesanos:
 
     1. El próximo día 29 de junio, sábado, celebramos el martirio de los dos apóstoles más cualificados de la Iglesia católica: san Pedro y san Pablo, les llamamos “columnas de la Iglesia”.
     Aunque no murieron el mismo día, la comunidad cristiana, desde sus orígenes, ha querido honrarlos y encomendarse a su intercesión en el mismo día.
     Escribe San León en una homilía que pronunció en la Basílica de San Pedro en esta fiesta: “Respecto a sus méritos y virtudes, no podemos pensar nada que no sea distinto o contrapuesto en ellos; iguales en la elección y en su trabajo, resultaron iguales también en su martirio”. Bien podemos aplicarles a ambos las palabras de san Pablo: “He combatido bien mi combate, he llegado hasta la meta, he mantenido la fe”.
 
      2. Puedo decir, de forma bien contrastada, que los fieles de esta Iglesia de Jaén sienten un amor sincero y muy profundo por el Santo Padre, el Papa. He podido comprobarlo, una vez más, con ocasión de la reciente renuncia a la Sede romana por Su Santidad Benedicto XVI y ante la nueva elección del Papa Francisco.
     Sabemos que formamos parte de la misma Iglesia de Jesucristo pero el sucesor de Pedro, el Papa, tiene en ella facultades y deberes muy singulares e irrenunciables. Creemos que, bajo su autoridad y desde nuestro amor y servicio a su persona, cooperamos en la edificación y extensión de esa Iglesia de Jesucristo conducidos por el Espíritu Santo.
     Pero no basta nuestro respeto y adhesión inquebrantable al Santo Padre, debemos también amarle, escucharle y apoyarle desde nuestra oración, participar de sus anhelos apostólicos y llevar a la práctica en nuestras vidas sus enseñanzas; poner en sus manos nuestra ofrenda para que reparta a favor de las necesidades de toda la Iglesia.
    Les indicaba en un reciente Decreto que los párrocos y rectores de Iglesias invitaran a los fieles a participar en la Santa Misa de ese día, no obstante la dispensa del precepto y del descanso laboral. Disponía asimismo, que el Día del Papa y su colecta imperada a favor de la Santa Sede se celebrara, en nuestra Diócesis, el domingo 30 de junio, desde sus primeras vísperas.
 
     3. Desde los inicios de la Iglesia, los Apóstoles, y más tarde sus sucesores inmediatos y quienes siguieron a éstos, los Obispos, con sus presbíteros y comunidades de fieles, proclamaban, con unas u otras palabras, lo que San Pablo diría en su Carta a los efesios: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef. 4,5).
     Esta identidad sustancial de la Iglesia de siempre, en toda su historia, es uno de los rasgos más bellos de su rostro. Es la inmutabilidad en lo divino. Es la vida que, mientras permanece en un organismo que un día empezó a existir, es la misma siempre, aunque se haya desarrollado y crecido en el tiempo.
     El verdadero fundamento de todo ello es la asistencia del Espíritu Santo que la protege, como su alma y su luz. En esta verdad radica el secreto de su fidelidad.
     El Espíritu Santo actuó sobre el Colegio de los Apóstoles, con Pedro y bajo la autoridad de Pedro, y sigue actuando sobre el colegio universal de los Obispos, unidos al Papa y bajo la autoridad del Papa. La fuerza del Espíritu asiste a todo el pueblo de Dios pero lo hace, de modo singular, sobre el sucesor de Pedro, que nos confirma en la fe, esto es, en la fe que la Iglesia debe profesar si quiere ser fiel a Jesucristo.
     Es lo que le encomendó a Pedro con palabras que siempre gozarán de actualidad: “Confirma a tus hermanos” (Jn. 22, 32).
 
     4. Cuando Pedro y los demás Apóstoles comenzaron a predicar la fe en Cristo muerto y resucitado, insistieron también en exponer, junto a los núcleos fundamentales del Credo, un conjunto de ruegos, normas y explicaciones, que aparecen en sus Cartas y que admitimos como doctrina revelada para la confirmación de nuestra fe. Lo mismo hacían en sus predicaciones a los primeros cristianos  y han llegado hasta nosotros por Tradición apostólica.
     Lo que hoy dice el Santo Padre, el Papa, son sus mismas palabras, las mismas exhortaciones, las mismas enseñanzas fundadas en la Escritura y Tradición apostólica. Hay en todas sus enseñanzas coherencia y armonía interna con la Revelación de Dios. Hay un discernimiento sabio y prudente contando para ello, como he dicho, con la asistencia del Espíritu.
     No podría el Papa confirmarnos en la fe, si nosotros cuestionamos o rechazamos ser confirmados en ella a través de sus enseñanzas. Sólo quien esté dispuesto a recibir, con profundo respeto y humildad, cuanto nos enseña y recomienda, estará en disposición para su confirmación en la fe cristiana.
 
     Oremos por nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en estos inicios de su pontificado. Pidamos la asistencia del Espíritu Santo para él y para toda la Iglesia, bajo la intercesión de nuestra Madre la Santísima Virgen.
     Les saluda agradecido y les bendice.